Estábamos derrotados. Con el vaivén del autobús unos se habían dormido, otros un poquito mareados, otros sin parar de preguntar que cuándo llegábamos. De repente, apareció a lo lejos el Castillo de Alba. Eso era señal de que poco nos quedaba para llegar. El recibimiento fue a lo grande. Abrazos, besos, caras sonrientes, alguna lagrimilla de alegría, bocas que no paran de contar historias de la EVE, comilona preparada por los papis everos… todo ello para prepararnos para lo que después se avecinaba: El Paseo Musical.